EP01 Isabel la Católica 02 Atando cabos

castillo-coca-sEl contexto. Vamos, para que nos hagamos una idea de cómo era la cosa. Vamos, cómo estaba el patio. Vamos, al lío.
Isabel la Católica, Juana la Beltraneja, Fernando, Enrique IV, Alfonsito… Quién era quién, qué hizo y a qué dedicaban el tiempo libre.
Pues eso…

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Un grupo de conspiradores formado por los nobles y la jerarquía eclesiástica querían quitarse de en medio a Enrique IV para poner en su lugar a Alfonsito y convertirle en un rey pelele al que poder controlar a su antojo.

Para conseguir sus objetivos, los conspiradores escribieron al rey una carta en la que decían que su mujer se la había pegado con su privado, Beltrán de la Cueva, y que fruto de esa pasión adúltera había nacido la princesa Juana. Así que, mira tú por dónde, aquella niña angelical no era hija del rey, era ilegítima, era bastarda, como queráis llamarlo, y no podía convertirse en reina de Castilla. Juana de Trastámara se convirtió así en Juana la Beltraneja.

Enrique IV defendió la inocencia de la reina y la legitimidad de su hija Juana, así que se montaron una guerra civil para decidir quién se quedaba con el trono, si Enrique o los nobles, que proclamaron rey a Alfonso XII durante la farsa de Ávila, que ahora os contamos.

Con lo que no contaba nadie era que Alfonsito iba a acabar sus días sospechosamente envenenado a los catorce añitos. Y en estas aparece Isabel, que, mira tú por donde, se convierte en la nueva candidata de los nobles castellanos. Entre que la muerte fue muy repentina, muy sospechosa y muy oportuna, a estas alturas presentes de la historia humana se sospecha que la Católica Isabel estuvo en el ajo.

Luego vino el Tratado de los Toros de Guisando, en el que la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte y Enrique reconocía a Isabel como princesa de Asturias, siempre y cuando se casara con quién él dijera. Y ya sabemos lo que pasó con lo de la boda.

Luego vino la tan misteriosa como sospechosa muerte de Enrique, la tan misteriosa como sospechosa desaparición de su testamento y la tan misteriosa como sospechosa deshonra de la sobrina Juana de Castilla, la Beltraneja.

Y, por último, la guerra de sucesión, que se saldó con el reconocimiento de Isabel la Católica como reina de Castilla. Un trono que le había costado la sospechosa muerte de dos hermanos, algunos otros envenenamientos, un perjurio, una campaña de difamación, una boda secreta y una guerra civil con un montón de cadáveres regando con su sangre las tierras que iba a reinar.

Está claro que Isabel la católica no era una santa. Fue una mujer de armas tomar, con las ideas clarísimas y una ambición sin límites. Y eso le ha convertido, posiblemente, en la mejor reina de la historia de España.

Para entender todo este asunto, conviene recordar que Juan II de Castilla tuvo tres hijos: el príncipe heredero, que subió al trono con el nombre de Enrique IV; Isabel, que aparentemente no pintaba nada en el tema sucesorio (ja); y Alfonsito, el pequeño de la familia.

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Esta entrada fue publicada por El Punto sobre la Historia.

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