EP02 Peloponeso 01 La Guerra del Peloponeso. De qué va eso…

la guerra del peloponeso. De qué va eso

Un erizo de lanzas a punto de mancharse de sangre. Divertido, ¿verdad? Así fue la Guerra del Peloponeso. Sangrienta. No divertida.

Una introducción para ir abriendo boca sobre estos 30 años de bofetadas en la Grecia del siglo V A.C. Después de oír esto vais a deciros: “¿Y estos griegos sacaban tiempo entre torta y torta para filosofar?” Pues parece que sí. Y para muchas más cosas. Hoy, aquí, en España tenemos muchas cosas que se inventaron en aquel milagroso siglo. Comprobadlo.

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LA GUERRA DEL PELOPONESO.

(PARA ENTERARNOS DE QUÉ VA ESO)
Todos hemos oído hablar de batallas clásicas como Maratón y las Termópilas. Momentos épicos de la lucha griega contra el poderosísimo imperio persa en el siglo V B.C.
AC en español.
Bien, pues olvidaos de todo eso.

La guerra del Peloponeso ocurrió una generación después. Y esta vez la guerra fue entre los propios griegos. Una guerra civil o guerra intestina como se decía antes. No me digáis que no es una palabra más bonita.
La guerra empezó en 431 BC… AC… y duró casi 30 años.
Conozcamos a los púgiles. En la esquina derecha, la Liga de Delos, Atenas y sus aliados.
En la esquina izquierda, con cara de vinagre, la Liga del Peloponeso. Esparta y sus amigos.
Atenas y Esparta. Rivales en todo. No sólo tenían intereses económicos, comerciales y bélicos encontrados.
La diferencia era mucho más profunda. Cada potencia representaba una forma totalmente distinta de entender la vida, la política y la sociedad.
Atenas era el símbolo de una sociedad regida por principios de decisión colegiada, una “democracia” entre comillas. Una forma de gobierno donde el voto ciudadano decidía y legislaba.
Esparta, que a muchos os gustará por sus capas rojas molonas y sus gritos de au au au, era todo lo contrario.
Una dictadura oligárquica basada en el esclavismo (7 esclavos por cada ciudadano) que dirigía la vida pública con un régimen casi estalinista. Permítaseme la comparación, es para entendernos.
La hegemonía era ateniense. Esto era más de lo que los macarras espartanos podían soportar.
Como todas las hegemonías, la de Atenas provocaba recelos y descontento en ciudades sometidas. Esparta explotó ese resentimiento en su favor.
Primer asalto: Corcira, aliada de Atenas y Corintio, del lado espartano, se lían a tortas pidiendo cada ciudad ayuda a su aliado y protector.
Atenienses y Espartanos se intercambian el mismo mensaje: “no toques a mis chaval, que te meto”.
Bueno, pues cada uno tocó al chaval del otro y comienza el combate. Como dos padres que se pelean en el campo de fútbol del colegio porque el hijo de uno ha hecho penalti al hijo del otro… entendéis la cosa, ¡verdad?
A partir de aquí las piezas caen como si fueran fichas de dominó:
Atenas bloquea el comercio de Mégara, aliada de Esparta y Tebas, aliada de Esparta, ataca Platea, aliada de Atenas.
Lo más interesante es que cada potencia tenía un punto fuerte. Atenas era la potencia naval y Esparta la potencia terrestre. Imaginaos los equilibrios que tenía que hacer cada lado para no mostrar su lado débil. Era una danza rarísima y mortal. Como bailar flamenco en una pista de hielo.
En otras piezas os contaremos los detalles de la guerra, pero os adelanto que fue una guerra sucia, vil, fea… como todas las guerras.
Al final vencieron los espartanos.
Sí, esos a los que todo el mundo admira por defender con 300 tíos en pelotas a Grecia contra los persas…
Vale, pues tenéis que saber que la guerra del Peloponeso se aliaron con los persas para destruir a Atenas. A ver si vamos dejando de reírles las gracias, que son mu mala gente…
Al acabar la lucha Atenas quedó destrozada y la hegemonía paso a Esparta.
Supongo que ya lo veíais venir: Las polis que se habían revelado contra Atenas descubrieron que vivían mucho peor bajo el dominio espartano. Hay que informarse antes de revelarse contra nada.
Resumiendo y para acabar, las consecuencias de todo este follón fueron la hegemonía espartana en toda Grecia, la victoria de los regímenes oligárquicos y que como suele pasar sale ganando un tercero: Persia, siempre al acecho.
Así llegó el momento del ascenso de Tebas, pero esa es otra historia que ocurrió un año también BC
Con todo esto se haría una buena película con un gran reparto. De hostias, concretamente.

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Esta entrada fue publicada por El Punto sobre la Historia.

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