EP 04 Cristianismo. The beginning 05. La madera de la cruz de Jesús y cómo encontrarla

descargaLa historia de las reliquias es fascinante. Especialmente la de los trozos de madera pertenecientes supuestamente a la cruz de Jesús. De la mano de Lorenzo Gallardo vais a descubrir una historia de guerras, arqueología y fe. Y fundamentalmente la historia del icono más conocido de todos los tiempos…

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Pocos negocios ha habido en la historia tan rentables como el mercado de reliquias. Este tema daría para 28 Puntos sobre la historia. O puntos suspensivos podríamos llamarlos.

Recordemos brevemente joyas conservadas para alimentar la fe de algunos y la risa de otros.

Hay leche materna de la Virgen María, el cordón umbilical del Niño Jesús, un suspiro de San José, 13 lentejas de la Última Cena, Rayos de la estrella que guió a los Reyes Magos, y mis dos reliquias favoritos: 7 cabezas de San Juan Bautista, auténticas las 7, y muchos prepucios de Jesús. Muchos. No uno. Muchos.

Permitidme este paréntesis, pero merece la pena. Me lo vais a agradecer.

Según un teólogo italiano del siglo XVI, el prepucio de Cristo se elevó al cielo y se convirtió en lo que hoy llamamos…los anillos de Saturno.

Pausa valorativa. Desde hoy ya nunca veréis Saturno de  la misma manera, ¿eh?

Pero hoy vamos a centrarnos en una de las grandes reliquias de la Cristiandad. El lignun Crucis, la madera de la cruz en la que Jesús pasó a mejor vida.

Aunque se supone que resucitó 3 días después. No sabemos si aquella era mejor vida que esta. En fin, salgamos de este jardín teológico, que como todos los jardines, está lleno de espinas.

Comencemos por hacer matemáticas. Sumando todos los supuestos trozos conservados como reliquias de la Santa Cruz, tendríamos madera para hacer 6 cabañas, con sus cercos, sus establos y hasta el edificio del ayuntamiento. Con la sala de Juntas forrada de madera.

Por si fuera poco la madera de estas reliquias es de distintos tipos de árbol. Complicado lo veo.

La Historia del Lignun Crucos arranca en 325 Después de Cristo. Roma acaba de convertirse al cristianismo de la mano de su emperador Constantino. La madre del emperador, Elena, era una ferviente cristiana con un punto de Síndrome de Diógenes. Se pasó la vida recorriendo el Imperio recopilando reliquias.

¿Qué ocurre siempre que alguien tiene una manía y es muy rico? Que aparecen de debajo de las piedras listos y embaucadores. Esto es una constante universal.

Elena visitó Jerusalén y llegó a la colina del Gólgota. En su época se levantaba allí un templo a Venus. Elena se convirtió de repente en la experta arqueóloga con más suerte de la Historia. Planteó una cuidadosa excavación, entre muchas comillas,  que empezó derribando el templo a lo bestia. Cavando y cavando se encontró con 3 cruces. También es suerte, ¿eh?. En un lugar en el que había crucifixiones diarias durante décadas, se encuentra precisa y exclusivamente las 3 cruces que buscaba.

Aquí llega el habitual relato embellecido con fines propagandísticos según lo narra Santiago de la Vorágine. Debe ser que tuvo una vida agitada el hombre.

Santiago de la Vorágine describe que Elena en ese momento no podía saber qué cruces habían pertenecido al Buen y al mal ladrón y cuál era la de Jesús.

Decidió aplicar un método científico y empírico para averiguarlo. Obligó a un cortejo fúnebre a acercarse a las 3 cruces. Al pasar junta a una en concreto el muerto resucitó. Era la prueba irrefutable de que ESA era la cruz de Jesús.

Venga, no seamos muy duros con la narración, que cosas más imposibles nos cuentan hoy en los informativos todos los días.

Los vaivenes históricos posteriores de esos trozos de madera hacen que en comparación la aventura de Indiana Jones parezca un día en la oficina de una empresa de seguros.

Siguiendo el rastro descubrimos que el mayor trozo de madera de Cruz en todo el mundo se halla, por supuesto, en España. En el Monasterio cántabro de Santo Toribio de Liébana. Un señor al que le debo entre otras cosas un apellido. Y un lugar fascinante que nadie debería perderse.

Otro trozo de la Vera Cruz se guarda según la tradición en Caravaca, Murcia, adonde llegó por medios digamos, poco usuales.

Dos ángeles sin ir más lejos depositaron la madera en el siglo XIII propiciando una conversión en masa de infieles musulmanes. La historia de la Cruz de Caravaca es digna de una película. Investigad un poco y encontraréis milagros, política, traiciones, actos heroicos y los que aparecen siempre enredando: los mismísimos templarios.

Estas reliquias y todas las demás, ejemplifican un mecanismo psicológico inherentemente humano. La necesidad de tener símbolos. Y de cargarlos por así decirlo con nuestros miedos y esperanzas. No vamos a entrar en las significaciones religiosas, tan personales y respetables como lo que más. Lo que sí se sabe es que un símbolo no tiene poder por sí mismo. Sólo tiene el poder que se le otorga. Si crees en tu “mechero de la suerte”, no dudes de que ese mechero tiene poder. Si lo pierdes el día de tu examen, sabes que suspenderás. Y si lo llevas el día de tu entrevista de trabajo, sabes que lo conseguirás.

Por lo tanto nadie puede discutirte acerca de tu mechero. Es en el sentido más auténtico del término “sagrado”.

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Esta entrada fue publicada por El Punto sobre la Historia.

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