EP 04 Cristianismo. The beginning 02 El desconocido origen de Jesús

Captura¡Si alguien quería polémica, aquí la tenéis toda! Una visión de la figura de Cristo que va a hacer que a muchos se os caiga la mandíbula inferior. ¿Sabéis lo mejor? Que lo que aquí os cuenta David Botello aquí está perfectamente documentado por registros históricos y mitográficos…

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Su madre se llamaba Meri y era virgen.

Se le había aparecido un ser celestial anunciándole que concebiría a un niño. Su padre terrenal se llamaba «Seb» y era de ascendencia real. Nació un 25 de diciembre en una cueva. Su nacimiento lo anunció una estrella de oriente. Tres hombres sabios siguieron a la estrella hasta que le encontraron, y le llevaron regalos.

En las paredes de sus templos hay imágenes de la Anunciación, la Inmaculada Concepción, el Nacimiento y la Adoración.

A los doce años, era maestro en el Templo. A los treinta, fue bautizado en un río por un tipo apodado el Bautista, que acabó perdiendo la cabeza. Entre los 12 y los 30 años no se sabe nada de el.

Tuvo 12 discípulos. Hacía milagros. Resucitó a un tipo que se llama El-Azar-us. Caminó sobre las aguas. Dio un mitin en una montaña, que recogieron por escrito sus seguidores.

Fue crucificado entre dos ladrones. Le enterraron y, al tercer día, resucitó.

Le llamaban o Iusa, el «Hijo siempre digno del Padre».

Dijo: «Soy el Camino, la Verdad y la Vida». Vino a cumplir la ley. Era el «Pescador » y, a veces, se le representaba con un pez. También se lo conocía, entre otros atributos, como el «Hijo del hombre», el «Buen Pastor», el «Cordero de Dios» o el «Verbo hecho carne».

Su nombre más famoso era «KRST», el Karast, el Cristo, o «el Ungido».

Y no. No era Jesús.

Su nombre era… Horus. Pertenece a la mitología egipcia. Y se tiene constancia de su existencia 2.500 años antes de Cristo. Menuda paradoja.

Horus era hijo de Isis y Osiris. Pasito a pasito, el culto del Hijo pasó a su Padre, Osiris, que se convirtió en el padre de todos los dioses y fue absorbiéndolos poco a poco. A Osiris se le llamaba «Señor de Señores», «Rey de Reyes», «Dios de Dioses». Fue «La Resurrección y la Vida»,

Osiris sufrió, y murió, y resucitó, y reinó eternamente en el cielo. Sus seguidores creían que heredarían la vida eterna, tal como él había hecho. Su carne se comía bajo la forma de pasteles de comunión de trigo, la planta de la Verdad.

Más tarde, en tiempos de Ptolomeo I, Alejandría era la capital cultural del mundo. Allí convivían egipcios, judíos, griegos y romanos. Ni a los griegos, ni a los romanos ni a los egipcios se les ocurrió nunca pensar que una religión podía ser falsa y otra verdadera. Cada uno adoraba a sus propios dioses, pero nunca pensaron que los dioses de sus vecinos no existían. Igual que llamaban a las mismas cosas con diferentes palabras, pensaron que sus dioses eran los mismos, con diferentes nombres. Así que los griegos identificaron a Osiris con su Dionisos.

Y no es extraño: Dionisos nació de una virgen el 25 de diciembre y fue colocado en un pesebre. Era un maestro viajero que realizaba milagros. Viajaba en triunfal procesión sobre un burro. Como era el dios del vino, era capaz de convertir el agua en vino.

Era un rey sagrado y un semidiós, que murió poco después de la llegada de la primavera, cuando fue sacrificado colgándole de un árbol o crucificado. Resucitó de entre los muertos al tercer día. Fue devorado por sus feligreses en una Eucaristía, en la que se honraba a Ceres, diosa del trigo, y a él , dios del vino.

Le llamaban «Rey de reyes» y «Dios de dioses». Se le consideraba «Único Hijo», «Salvador», «Redentor», «El que perdona», el «Alfa y Omega» y… el «Ungido», el Cristo. Se le identificaba con el carnero o el cordero.

Su símbolo era «IHS», que representa al sol, y se sigue usando hoy en día en la iconografía católica.

En Creta, Dionisos se llamaba Iasius. El «apóstol» Orfeo, misionero de Dionisos, recorrió la misma ruta que después recorrió Pablo.

Cuando Ptolomeo I, griego, decidió componer un dios para la nueva ciudad de Alejandría, se fijó en Dionisos y en Osiris, el top ten de los dioses griegos y egipcios. Luego le añadió alguno de los atributos del buey Apis, que le recordaba a Mitra.

El culto a Mitra fue, antes de Constantino, la religión pagana más popular de su tiempo. Mitra nació el 25 de diciembre, en una cueva. Su madre era virgen. A su nacimiento asistieron los pastores, que le llevaron regalos. Tuvo doce discípulos. A sus seguidores se les prometía inmortalidad. Hacía milagros.

En su última cena, eucaristía o «Cena del Señor», Mitra dijo: «Quien no coma de mi cuerpo ni beba de mi sangre, haciéndose uno conmigo y yo con él, no se salvará».

Como el «el gran toro del Sol», se sacrificó a sí mismo por la paz del mundo. Fue enterrado en una tumba y, al tercer día, resucitó. Su resurrección se celebraba todos los años, en una especie de Pascua.

Se le llamaba «Buen Pastor», se le identificaba con el cordero, se le consideraba el «Camino», la «Verdad» y la «Luz», el «Logos», el «Redentor», el «Salvador» y el «Mesías», el Cristo.

Se le consagraba el domingo, el «día del señor».

Tarso, el lugar donde vivió Pablo, era un lugar de culto a Mitra.

El Vaticano está construido sobre el papado de Mitra. Los que dirigían el culto a Mitra eran los padres. El padre principal vivía en Roma, y era llamado Pater Patratus, pope, Papa y Pontifus Maximus.

La colina del Vaticano, que se considera consagrada a Pedro, estuvo consagrada a Mitra.

La cueva del Vaticano perteneció a Mitra hasta el 376 de nuestra era, cuando un prefecto de la ciudad suprimió el culto a Mitra y capturó el santuario en el nombre de Jesús, en el mismo aniversario en que se celebraba el nacimiento del dios pagano, el 25 de diciembre.

Así que Ptolomeo juntó a todos estos dioses, le puso un poco de mitología egipcia, algo de filosofía griega, un pelín de cultura romana y un toque de tradición judía, y, como era costumbre en la época, se sacó de la manga a un dios sincrético que se llamaba Serapis, y que heredaba todos los atributos de los dioses que le preceden, entre ellos, el de Cristo, el Ungido.

En el año 134, después de una visita a Alejandría, el emperador Adriano escribió una carta en la que comentaba: «En Egipto, los adoradores de Serapis son cristianos, y los que se llaman obispos de Cristo ofrecen sus votos a Serapis… Cada vez que el mismo patriarca se traslada a Egipto se le hace culto a Serapis por unos y por otros a Cristo».

¿Podríamos decir que los primeros cristianos aparecieron en Egipto? ¿Acaso los coptos (los egipcios), la primera comunidad cristiana de la que se tiene noticia, eran seguidores de Serapis? ¿Es posible que San Marcos, el apóstol que evangelizó Egipto, y representado como un toro alado, tenga algo que ver con las esfinges?

La respuesta, amigo mío, está en el viento. El viento de la Historia, que es un Punto. El punto sobre la Historia.

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