EP 05. Cervantes y el Siglo de Oro 04 El problema de “Las Cervantas”

cervantasLa vida de don Miguel Cervantes fue de escrito en escrito, de guerra en guerra, de pobrezas en pobreza. Y también nos regaló un hecho con el que se podría hacer una gran serie de abogados. Un drama judicial en el que se vio envuelto junto al grupo de mujeres que le rodeaban. La gran Nuria García nos explica la gran movida de “Las Cervantas”. The Movie.

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Cervantes tuvo una hija bastarda que se llamaba Isabel. Tuvo una esposa, Catalina, a la que doblaba la edad. Tuvo una hermana, Andrea, que era madre soltera de Constanza. Tuvo otra hermana viuda, Magdalena. Y una criada que se llama María. En total, seis mujeres, seis, a las que todo el mundo conocía como las Cervantas.

Las Cervantas no forman, precisamente, una familia modélica. La única salida para tanta mujer junta, con tanta escasez, es la de intentar sobrevivir en la más que pobre España imperial de Felipe III. Cuando la necesidad aprieta, transitar los caminos de la perdición es una salida como otra cualquiera. A eso habría que unir que es más que probable que las Cervantas hayan sufrido amores malparados, enviudamientos tempranos, aventuras extraconyugales, embarazos no deseados y demás problemas de mancebas, cortesanas, rameras y cantoneras. Cabe recordar que, en esta época, la moral religiosa va en una dirección y la vida cotidiana en otra muy distinta. El adulterio es tan frecuente que recorre toda la sociedad de un lado a otro y de arriba abajo, sin respetar estamentos, instituciones ni estados civiles. Los hijos bastardos son tan habituales que se aceptan con total naturalidad. Los escándalos solo surgen cuando a alguien le interesa levantarlo.

Cuando Felipe III llega al trono y traslada la corte a Valladolid, Cervantes hace las maletas, se va para allá con las Cervantas y se instala en una casa a la que hoy conocemos como la Casa de Cervantes. Original, ¿no?

Con estos antecedentes no es extraño saber que cuando a Gaspar de Ezpeleta le da por morirse de forma violenta delante de la casa de las Cervantas, la familia entera acabe implicada en el asunto.

Gaspar de Ezpeleta era un caballero de la Orden de Santiago. Un buen día, o una buena noche, 27 de junio de 1605, después de una juerga en casa de un amigo marqués, escucha en el camino una música y se para a escucharla. Entonces aparece un hombre de baja estatura, embozado y con muy mala leche que le pregunta qué hace allí y le pide que se marche. Ezpeleta no quiere, se pone gallito, el otro tira de espada, desenvainan y comienzan a pelearse. Ezpeleta, que anda borracho, cae al suelo, no se sabe si antes o después de que su rival le hiera con la espada, y claramente antes de que ponga pies en polvorosa. Las Cervantas, ya se ha dicho, viven delante del escenario de la agresión, en la calle del Rastro. A los gritos de auxilio, «¡cuchilladas, cuchilladas!», salen a socorrer al pobre Gaspar. En qué hora.

Cervantes y las Cervantas son detenidos para tomarles declaración y pasan un día y medio en chirona.

Esta historia la conocemos porque, a finales del siglo XVIII, se encontró el expediente en los archivos de la cárcel de Valladolid.

El propio Gaspar de Ezpeleta cuenta ante el juez la pelea y dice que no conoce a su agresor;  Cervantes explica que estaba durmiendo cuando pasó todo y que le despertaron para ayudar a subir al herido, a quien conocía de vista.

Cuando muere nuestro buen caballero, se encuentra una carta sospechosa que el juez se guarda. Así se sabe que Gaspar frecuenta la casa de una mujer casada, que se queda allí algunas noches, que en la casa todos conocen los amoríos y que Gaspar ya ha tenido «dares y tomares y pesadumbres» con el marido cornudo.

Así que el propio juez, cuando todo parece indicar que se trata de la venganza de un marido escarnecido, viendo que la cosa se pone fea, prefiere levantar una cortina de humo para que no se desvele el nombre del atacante ni el de la mujer a la que visitaba Ezpeleta, y desviar la investigación.

Es decir, estamos ante un caso en que el escándalo salpica porque hay un interés en levantarlo.

Y así llegamos a la calle Nueva del Rastro, donde, según el informe, «viven algunas mujeres que en sus casas admiten visitas de caballeros de día y de noche, incluido el propio Ezpeleta». Verbigracia, las Cervantas. El juez interroga a las mujeres Cervantas, «para averiguar la libertad con que viven las mujeres que están en ella y que en esta corte no tienen entretenimiento ninguno».

Isabel, la hija bastarda; Andrea, la madre soltera y Constanza, la sobrina ilegítima desfilan ante el juez y declaran que ni conocen al muerto ni ha estado nunca en su casa.

Al día siguiente, se suelta a las Cervantas y a Cervantes, con arresto domiciliario hasta nueva orden y bajo fianza.

Hoy, a todo este asunto, los cervantinos lo llaman El Proceso Ezpeleta.

A nosotros nos parece una faena. Eso sí, con su puntito.

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Esta entrada fue publicada por El Punto sobre la Historia.

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