EP07. Momentos tontos de la Historia. The very Best. 05. La ineficaz Bomba Gay

553347713_a986fa77bdUn tonto con un celofán no hace daño pero un tonto con un tanque sí. El mundo militar ha dado algunas de las mejores tonterías de la historia. Lorenzo Gallardo os cuenta la bomba que iba a convertir a los enemigos en gays. ¿Y qué? ¿De dónde sacaron estos “científicos” la idea de que un gay es peor soldado?

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Se dicen a veces muchas tonterías, más debido a la desinformación que a otra cosa, acerca del mundo militar y de los militares. Una de las más repetidas es…

…esa de “inteligencia militar es una contradicción de términos”.

Bueno, yo defiendo que no es así. Y cualquier que haya estudiado un poco historia militar sabe lo que digo.

Una posible razón para este prejuicio es que evidentemente un tonto con un trozo de celofán no puede hacer mucho daño, pero un tonto con un tanque sí. De ahí que los errores y necedades militares se notan más, por decirlo suavemente. El mundo militar derrocha inteligencia pero los tontos militares son épicos. Y suelen ser tontos peligrosos

Toda la inteligencia, planificación, técnicas de logística avanzada, desarrollo técnico y científico se ponen al servicio del poder militar. Es decir. Hay más listos allí por metro cuadrado que, desde luego, en el mundo del fútbol y si me apuráis en algunos ámbitos académicos (que no se me ofenda nadie)

¡Y dicho esto! Voy a contar un caso que me desmiente totalmente, o sea, soy yo el que no parece listo en estos momentos. Vais a conocer una imponente imbecilidad perpetrada hace muy poco tiempo.

Año 1994, el martes pasado, como aquel de dice. Los laboratorios Wright de Ohio, por entonces una de las grandes instituciones técnicas al servicio del ejército norteamericano, tuvo una idea… vamos a llamarla… estooo… “no buena”.

Se trataba de desarrollar armas no letales. La más tonta de entre las tontas fue la idea de desarrollar una “bomba gay”. A ver cómo os lo explico.

Un agente químico se soltaría entre las filas enemigas. Automáticamente todos los soldados sentirían una irresistible atracción física por sus compañeros, y llevados en volandas por los efluvios de la Diosa Venus, soltarían sus armas y se entregarían al orgiástico desenfreno de la concupiscencia de la homosexualidad militante. Para alegría de los soldados buenos, y heterosexuales por supuesto. que ganarían la batalla sin haber disparado un solo tiro.

El proyecto se presentó. Y para sorpresa, yo creo, que de los mismos creadores, pasó un par de filtros y recibió una inyección de 7 millones y medio de dólares para el desarrollo de una primera fase.

7 millones y medio de dólares, en términos de inversión militar americana es la propina del café, pero ahí estuvieron. Pagados y gastados.

Obviamente, el proyecto no llegó a una fase dos. Básicamente porque no tenía ni pies ni cabeza. Por dos razones.

Primera: La base científica de esta memez no existía, sencillamente. Se basaba en trabajos ya superados acerca del poder de las feromonas en humanos.

Y segunda: ¿De dónde se sacarían la idea de que un soldado gay es peor soldado que uno heterosexual? ¿De dónde, Dios mío, de dónde? Obviamente son ideas preconcebidas dentro de las corrientes ultraconservadoras americanas.

Esos buenos chicos blancos que no han leído un libro en su vida excepto posiblemente trozos de la biblia y alguna etiqueta de champú. Eso sí, todos graduados en Harvard. Sí, se puede ser graduado en Harvard y pensar que España tiene frontera con Nicaragua.

Pensaban que ser homosexual es ser mal soldado, entre otras cosas porque jamás habían oído hablar de la cultura griega, por ejemplo. Con leer media cosita lo sabrían.

Os pongo el ejemplo que no conocían y que demuestra lo mentecato de su idea.

La homosexualidad en la Grecia antigua es un tema complejo y fascinante, sobre el que hablaremos algún día. Por ahora digamos que no tenían, como tenemos nosotros gracias a la cultura judeocristiana, un concepto negativo. En su mentalidad casi ni siquiera existía la diferenciación entre heterosexualidad y homosexualidad. Era amor físico. Y de hecho, y aquí llegamos al tema que nos ocupa, gran parte de la épica militar se basa en el “compañerismo” entre guerreros. Sí. Amor físico. Este concepto se mantuvo durante siglos. Pero la mayor expresión fue el “Batallón Sagrado”: Una unidad de élite formada por 150 parejas de amantes al servicio de la polis tebana en el siglo IV antes de Cristo. El gran Epaminondas creó esta unidad que significó la primacía de Tebas durante 30 años.

Por cierto, a los chulitos espartanos que tanto os gustan, con su Au Au Au, el batallón sagrado les metió una paliza que los dejó temblando en Leuctra en el 371 AC

No profundicemos más en este tema, como siempre os digo, investigad porque os lo vais a pasar bomba.

Sólo os hablo del Batallón Sagrado para mostrar a aquellos tontos de la “bomba gay” lo ridículo de su idea. Pero claro, ellos que iban a saber, con su biblia en un bolsillo y sus conceptos científicos anticuados acerca de las feromonas. Hay que ser majadero.

La bomba gay ha inspirado películas y hasta un musical, que sería gracioso ver, ¿verdad?.

“Haz el amor y no la guerra”. Es una bonita frase para llevar en camisetas y todos intentamos practicar más lo primero que lo segundo, pero en esta historia, amigos, es mejor con mezclar las cosas…

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Esta entrada fue publicada por El Punto sobre la Historia.

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