EP07 Momentos tontos de la Historia. The very Best. 07. Sir Ulrich. El Caballero Tontolaba

UlrichPocas veces en vuestra vida conoceréis a un tipo tan inmensamente bobo como Sir Ulrich Von Lichtenstein. Un caballero que se paseó por la Europa del siglo XIII de torneo en torneo y de gilipollez en gilipollez.

Lorenzo Gallardo pasa por el mal trago de contaros la vida de Sir Ulrich sin partirse de risa. Juzgad vosotros si lo ha conseguido.

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Voy a tratar de contaros la vida de Ulrich Von Lichtenstein sin partirme el pecho de la risa. No sé si lo voy a conseguir, por os digo desde ya que no es fácil.

De entre todos los tontos de la región de los tontos en el país de los tontos, que es parte del imperio de los tontos… destaca nuestro gran amigo Sir Ulrich.

Sir Ulrich, porque era un “ser” de verdad, fue un caballero austriaco de mediados del siglo XIII. Era la época de los ideales caballerescos de justicia y templanza. (Justicia y templanza nobiliarias, por supuesto. A los pobres campesinos feudales que los parta un rayo).

Se llevaban las formas del Amor Cortés. Ese místico y tonto concepto del amor, endogámico de las clases nobles, que veía a la lejana amada como el objeto de adoración ideal.

Esos penares por su lejanía. Lo que llamaban “sufrimiento gozoso”.  La amada era “inalcanzable”.  Yo les explicaría lo que mola “alcanzar” a la amada, pero vamos, qué sé yo, pobre de mí.

¿No os suena todo esto a lo que le vació la cabeza a nuestro Don Quijote de la Mancha? Pues sí. Fue exactamente el abuso de estas historias las que despistaron las meninges del pobre Alonso Quijano.

Don Quijote era un personaje de ficción, pero Sir Ulrich no lo es aunque lo parece, el tío mentecato.  Bien, vamos con su historia.

Ulrich se pasó la vida dedicado a la dama de sus penares. Entre que él era más tonto que bailar la música del telediario y que ella era más mala que Santa Claus jugando al cinquillo, el pobre lo pasó más bien regular.

La dama expresó un día que le disgustaba la forma del labio superior de Ulrich. ¡Pues lo arreglamos! El muy botarate se hizo una operación de cirugía estética, por decirlo en términos modernos, cortándose el labio y cosiéndolo malamente. Como consecuencia, infección y 6 meses de tremendos dolores. Se curó y logró una reunión con su amada.  Agradecido y con el corazón henchido de esperanzas, se presentó delante de ella. La Señora agradeció el gesto de Ulrich dándole un bofetón y llamándole “cobarde” e “idiota”.

Días terribles para nuestro héroe. ¡Pero un valiente no se arriedra ante las dificultades! Se pasó años yendo de justa en justa y de torneo en torneo luchando en nombre de su lejana amada.

En una de esas justas fue herido en una mano. La buena señora al enterarse dijo “creo que Ulrich aún conserva el meñique”.

La frase llegó a oídos del infortunado. Y, todo prestancia y valor, decidió que la relación debía avanzar. Se cortó el meñique con un cuchillo, lo envolvió en joyas y plata y se lo envió a la bruja aquella acompañado de un poema. Yo no sé vosotros, pero a mí me encantaría leerlo.

¡Cuál no sería su alegría al descubrir que la amada no había rechazado su regalo! A la dama, el poema y el dedo le importaban menos que el ciclo hormonal de la nutria conquense. Pero las joyas, casi que sí le molaban.

Tras años de desaires peores, por fin la dama aceptó a reunirse una noche con él. ¡Oh, infinito júbilo! ¡Oh, luminosa dicha!

A todo esto, por si no queda claro el concepto de amor cortés, el sexo estaba fuera de la ecuación. Los requerimientos de Ulrich no eran de ese tipo. La “cita” consistía en yacer toda la noche al lado, pero sin tocar nada.

Llegó la noche del evento. Y la dama, que tenía un puntito creativo eso hay que reconocerlo, le exigió una prueba más. Que Sir Ulrich se colgara de un cesto bajo la ventana. Con gallardía y apostura el pobre hombre lo hizo. La dama cortó las cuerdas y el costalazo todavía es recordado en cantares de gesta.

Aquí, parece que el hombre ya… digamos que ya… empezó a entender, a intuir que… la relación no progresaba adecuadamente.

Y con el rabo entre las piernas (trato de NO hacer un chiste aquí)  Sir Ulrich Von Lichtenstein pasó el resto de su vida escribiendo blandurrias que son interesantes para conocer aquella época.

Buscad sus textos en Internet porque están ahí. A ver si leyéndolos logramos entender algo de la cabeza de chorlito del buen caballero. Mucha suerte, porque yo, particularmente, no entiendo nada.

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Esta entrada fue publicada por El Punto sobre la Historia.

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